Una vez más dirigimos nuestra atención al Sol para ver cómo evoluciona su actividad y en qué momento del ciclo solar nos encontramos. Desde la última actualización, que podéis leer aquí, han pasado ya casi tres años. En aquel momento el periodo de máxima actividad estaba empezando mientras que ahora está iniciando su declive. Veámoslo con un poco más de perspectiva.
El actual ciclo, el número 25, comenzó en diciembre de 2019, aunque con una actividad mayor de lo esperado. Al escribir la anterior entrada prácticamente se estaba alcanzando un primer pico (en este caso más un hombro, si lo comparamos por ejemplo con el ciclo 23) correspondiendo al máximo de actividad en el hemisferio norte. El segundo pico, o más bien el pico principal, sucedió en octubre de 2024, con el hemisferio sur como protagonista. Desde entonces la actividad ha ido disminuyendo de manera progresiva y en la actualidad nos encontramos con valores similares a los vividos ya hace unos tres años. Podemos afirmar que estamos asistiendo a los momentos finales del máximo y que empezamos a encaminarnos hacia el mínimo del ciclo que debería ocurrir allá por 2032-33, aunque todavía es pronto para saberlo con seguridad. En la siguiente figura se aprecia mejor:
Curva de la actividad solar mensual, bruta y suavizada, total y por hemisferios, actualizada con los últimos datos disponibles correspondientes al pasado febrero.
Como es normal, durante el máximo del ciclo, sobretodo en 2024, hemos podido observar grandes grupos de manchas, muy complejos, muchos de ellos incluso visibles a simple vista (siempre usando la protección adecuada). Entre todos ellos seguramente destaque el grupo NOAA 13664 que fue visto durante tres rotaciones consecutivas (respectivamente con las numeraciones 13697 y 13723), algo poco frecuente. Este grupo fue el responsable de la mayor tormenta geomagnética en los últimos 20 años, que produjo grandes auroras/arcos SAR a latitudes muy bajas, como ya atestiguamos en su momento. Sin embargo, hay que comentar que todavía durante el comienzo de 2026 hemos tenido grupos importantes e incluso otra aurora de menor intensidad. En la actualidad nos encontramos más o menos a mitad de ciclo y lo que se espera es que la actividad vaya poco a poco disminuyendo hasta el periodo de mínimo donde prácticamente las manchas desaparecerán completamente del disco solar, aunque no será hasta el principio de la próxima década.
Imagen del disco solar tomada el 10/05/24 por el telescopio espacial SDO donde se aprecia el mayor grupo del ciclo 25, con la Tierra a su derecha, a escala, para tener una idea de su tamaño gigantesco.
Es precisamente en los momentos finales del ciclo, cuando ya está todo el pescado vendido, que los investigadores se ponen a elaborar las predicciones sobre el comportamiento del ciclo siguiente: cuándo sucederá y qué nivel de actividad se alcanzará. Esto que podría parecer sencillo no lo es en absoluto. Echando la vista atrás, la mayoría de los pronósticos apuntaban a un ciclo con una actividad relativamente baja, similar o incluso algo inferior a la del ciclo 24 que estaba terminando. Cito como ejemplo la predicción de la NASA, muy interesada en el clima espacial a la hora de planear sus operaciones en el espacio. Como se puede ver en la imagen de su web en junio de 2019, vaticinaba un ciclo de poca actividad. Incluso afirmaban que podría ser ¡el más flojo de los últimos 200 años! Nada más lejos de la realidad ... este ciclo ha sido claramente más activo que el anterior y relativamente parecido al ciclo 23. Además, se preveía que el máximo fuera en el verano de 2025, más de medio año después de lo que ha sucedido.
Predicción de la NASA para el ciclo 25 medio año de su inicio.
Los momentos iniciales del nuevo ciclo son muy interesantes porque nos permiten adelantar su comportamiento. De acuerdo con las leyes empíricas enunciadas por Waldmeier, cuanto más activo es un ciclo, menos tarda en alcanzar el máximo (más empinado es el ascenso) y mayor será su parte final. El ciclo 25, como decía al principio, nos sorprendió con una actividad inicial mayor de lo esperado. La consecuencia, como se ha visto, era obvia: un máximo más alto y más temprano respecto a lo predicho inicialmente. Es muy interesante ver cómo, a pesar de los distintos métodos de cálculo para elaborar las predicciones (ya sean más modelos físicos, estadísticos ...) todavía no somos capaces de llegar a un consenso general de sus resultados. Aunque sería muy interesante analizarlo en detalle no me quiero alargar mucho más. En la próxima actualización lo veremos.









