miércoles, 21 de enero de 2026

De nuevo auroras visibles desde Burgos

     En la noche del lunes al martes asistimos, muy afortunados en un momento sin nubes, a la contemplación de una nueva aurora boreal desde nuestras latitudes. Cuando digo contemplación muchos de nuestros lectores se habrán imaginado que el fenómeno se pudo ver a simple vista, pero la realidad es que no fue así y nos tuvimos que contentar con verla a través de nuestras cámaras. Entiendo la frustración, pero tampoco hay que ponerse tiquismiquis: no es que tengamos auroras a la puerta de casa todos los días...

     La casualidad quiso que mientras hablaba con una amiga polaca, también astrónoma, me comentara que en su ciudad se estaban viendo en esos momentos auroras boreales, las típicas con colores verdes que habitualmente se ven desde latitudes más septentrionales. Aunque estaba medio nublado, desde casa alguna estrella se veía así que, sobre la medianoche, decidí probar suerte y salí a observar con nuestro compañero Carlos. Nos desplazamos unos pocos kilómetros por la carretera de Santander para buscar un horizonte norte limpio y dejar Burgos a nuestras espaldas. En un alto a las afueras de Villanueva de Río Ubierna nos detuvimos y, bajo un cielo mayormente despejado y sin luna (con -2 ºC),  pudimos disfrutar del fenómeno aproximadamente un cuarto de hora hasta que el cielo se volvió a cubrir. Aunque a simple vista no se pudo apreciar nada como, en las fotografías destacaba claramente sobre el horizonte norte el color rojizo/violeta,  muy diferente del resto del color del cielo, mucho más oscuro.


    
Imagen tomada por nuestro socio Javier a la 1 de la mañana del martes 20 con su cámara de fotos durante el máximo de la ultima tormenta solar importante que se ha podido ver sobre los cielos de Burgos. 

 

     Estos fenómenos tan inusuales desde nuestras latitudes son producidos por un gran "estornudo" del Sol. En estos casos (eyección de masa coronal, EMC) desde el Sol nos llega una nube de plasma, formada básicamente por protones y electrones, que viaja a gran velocidad. Al llegar a nuestro planeta esta nube choca con nuestro escudo magnético (magnetosfera) y se produce una tormenta solar (geomagnética). Normalmente el escudo resiste y desvía la radiación hacia los polos, originando las típicas auroras boreales y australes. En algunos casos menos frecuentes, el escudo "se dobla" y permite la entrada de una parte de la radiación a latitudes más bajas, como ha sido el caso de estos días.

     La tormenta actual, de tipo G4, llegó casi a alcanza nivel máximo de intensidad (G5). No llegó a ser tan fuerte como la más mediática que ocurrió en mayo de 2024 y de la que nos hicimos eco en nuestro blog. Se originó en un grupo de manchas (RA 14341) que el domingo día 18 liberó una gran cantidad de energía en forma de una fulguración de tipo X1,9 (llamarada solar) que a su vez provocó la EMC. La energía liberada fue tal que solo 25 horas después, la tarde del lunes, la radiación llegó a la Tierra provocando todo lo que hemos visto. Lo peculiar de este evento ha sido la gran energía acumulada que hizo que la EMC viajara a unos 1700 km/s, más de tres veces la velocidad habitual de estos fenómenos (sobre los 500 km/s). Para que nos hagamos una idea, esta velocidad equivale a algo más de ¡¡6 millones de km/h!!, unas 7000 veces más rápido que un avión comercial. De este modo en vez de tardar unos 3-4 días en llegar a la Tierra lo hizo en apenas un día.

 

 

 A la izquierda se puede ver la mancha que dio lugar a la fulguración, que se muestra a la derecha, que produjo la eyección de masa coronal que nos golpeó hace dos días.

     No es fácil que se produzca una tormenta como la de estos días. Primero la EMC tiene que estar perfectamente orientada hacia nuestro planeta, que no es fácil. Tenemos que tener en cuenta que hay que imaginarlo todo en tres dimensiones y que la Tierra es pequeña y está "lejos" respecto del Sol: es como una carambola de billar. Después es importante la configuración del campo magnético del plasma. La magnetosfera terrestre está orientada hacia el Norte. Si el plasma tiene la misma orientación simplemente chocaría y comprimiría nuestro campo pero "rebotando". Sin embargo, si, como ha sido el caso, tiene orientación Sur, entonces se combinan ambos campos magnéticos y buena parte de las partículas entran en nuestra atmósfera originando la tormenta solar.

     A bajas latitudes como la nuestra, el fenómeno ocurre muy lejos a unos 400 km de altitud en una atmósfera muy enrarecida, donde hay muy poco oxígeno. En este caso se produce una interacción que decimos "prohibida" (pero que es real) que es la causante del color rojizo que vemos. Cuando ocurre en zonas más bajas, donde la densidad del oxígeno es mayor se dan transiciones "normales" que dan lugar al clásico color verde. Para completar el puzle tenemos que decir que, lo visto el lunes, no es realmente una aurora boreal (donde hay una interacción real de las partículas solares con el campo magnético terrestre) sino un Arco Rojo Auroral Estable o SAR (por sus siglas en inglés). En este caso, la tormenta solar comprime los cinturones de Van Allen que absorben parte de la energía incidente, calentando (energía térmica, sin choques) la alta atmósfera, lo que produce el arco rojo que vemos. La diferencia entre ambos fenómenos es muy sutil y muchas veces van de la mano. Los SAR suelen ser fenómenos más estáticos y horizontales (sin las típicas cortinas verticales de las auroras) y de un único color rojizo. En esta entrada anterior lo discutimos con más detalle.

 

 

 

 

 A la izquierda se puede ver la distribución de velocidad de las eyecciones de masa coronal y como la de estos días ha sido mucho más rápida de lo habitual originando una tormenta geomagnética tan intensa. A la derecha se muestra la eyección tal y cómo la registró el satélite GOES 19 de la NOAA americana.

 

     En el momento de escribir estas líneas la actual tormenta, tras casi tres días de actividad, prácticamente ya ha acabado. Quien sabe si en los próximos días o semanas volveremos a observar uno de estos fenómenos tan llamativos. Desde aquí seguiremos atentos a pesar de las nubes y la lluvia ...

 

 

sábado, 18 de mayo de 2024

10 de mayo: Sicilia, ¿aurora boreal o SAR?

     En la entrada anterior hablábamos de cómo algunos de nuestros socios observaron la histórica aurora (¿o fue en realidad un SAR?) que se produjo el pasado día 10. Continuamos ahora con la descripción de cómo la vio otro socio desde Sicilia, en el sur de Italia. ¡AstroDemanda es internacional!

     Me encontraba ese viernes en nuestro observatorio en las faldas del Etna, a algo más de 1700 m de altitud, preparando la observación del tránsito de un exoplaneta (HAT-P-27b), cuando al mirar la pantalla con los datos meteo algo me llamó la atención. La imagen del cielo que mostraba la cámara "all Sky" mostraba un intenso color rojo por el horizonte norte. Lo primero que pensé es que el Etna había entrado de nuevo en erupción, así que salí fuera inmediatamente para comprobarlo. Nada. Se podía seguir observando. Siendo un observador solar habitual, enseguida caí en la cuenta del gran grupo de manchas visible esos días y la gran tormenta solar en curso, ¡se trataba de una aurora! ... ¡¡en Sicilia!! (que se encuentra a la altura de Granada, a unos 37º de latitud, cinco por debajo de Burgos).


Imagen de la aurora vista desde la cámara "all Sky" de nuestro observatorio del Etna

 

     Cuando tuve la oportunidad, salí fuera y me puse ya a observar detenidamente el cielo. A simple vista no se veía nada. Tal vez, sabiendo que había una aurora, se podía intuir un leve color rojizo en el horizonte NE, pero en ningún caso era algo claro. Tenía mi equipo de astrofotografía listo, pero nada de gran campo suficiente para capturar el fenómeno con el paisaje. Aproveché lo que tenía y saqué un par de fotos consecutivas (de solo 2" de exposición para no exagerar el color): una de la zona de la aurora (entre Cefeo y la zona por debajo del Cisne) y la otra sin aurora, centrada en Vega. La diferencia de color en el fondo de cielo es evidente, pero, claro, no es la típica foto de gran campo. Aún así, sirve como ejemplo para ver la diferencia:


Comparación de la zona del cielo con y sin aurora/SAR. Ambas fotos se tomaron de manera consecutiva y con la misma configuración de la cámara.

 

 Pero ... ¿Aurora o SAR?

     En la entrada anterior explicamos cómo se producen las auroras y cómo, en ciertas ocasiones muy poco habituales, se llegan a ver desde latitudes tan al sur. Sin embargo, en este caso, la explicación parece ser otra: un ARCO ROJO AURORAL ESTABLE (SAR por sus siglas en inglés). El SAR es un fenómeno que, a diferencia de las auroras, solo se produce en presencia de grandes tormentas solares. Sin embargo, su origen es parecido: la interacción del viento solar con la magnetosfera terrestre. En este caso las partículas cargadas no entran por los polos siguiendo las líneas del campo magnético, sino que son atrapadas a gran altura en los cinturones de Van Allen. Se trata de dos anillos de radiación, toroidales (es decir, en forma de donut), que protegen la Tierra del viento solar y los rayos cósmicos. En estos anillos (dos estables y un tercero, temporal, que en ciertos momentos se forma entre ambos) se concentran las partículas cargadas que nos llegan del espacio y que son atrapadas por el campo magnético.

 

 
                                                 Dos representaciones esquemáticas de los cinturones de Van Allen

 

     En el cinturón interno, compuesto principalmente por protones, es donde se producen estos arcos SAR. Normalmente este anillo se encuentra a una altura en torno a los 1000 km de la superficie terrestre. En condiciones de fuertes tormentas solares, nuestro campo magnético se debilita (temporalmente, después se vuelve a recuperar) al interaccionar con la gran cantidad de plasma que le llega del Sol. En estos momentos su altura desciende hasta los 400-500 km, solapándose con la parte más alta donde se producen las auroras. A esta altura, como ya explicamos en la anterior entrada, la concentración de oxígeno es muy baja y su interacción con estos protones capturados en el anillo genera la radiación rojiza que hemos visto estos días. Normalmente, estos arcos son invisibles al ojo humano y sólamente en casos excepcionales como el que sucedió el pasado día 10, con una tormenta de tipo G5 (la clase de tormenta más energética), llegan a ser percibirse a simple vista. A diferencia de las auroras, estos arcos sólo se producen a latitudes medias y como se define en su nombre, son muy estables (sin grandes cambios ni estructuras) y son de color rojizo. Esto es lo que yo vi desde Sicilia, tal cual.

 


 Espectacular imagen de Tristian McDonald, APOD de la NASA el pasado 3 de enero. Aurora y SAR captadas desde Nueva Zelanda (se pueden ver las Nubes de Magallanes en la parte alta de la aurora).


     Sin embargo, si ya es muy difícil separar la cola de una aurora vista a bajas latitudes de un arco SAR, la cosa se complica aún más teniendo en cuenta que muchas veces conviven, como se ve en la foto anterior. En este caso se aprecia perfectamente la aurora, tanto la parte baja, típicamente verde, como la más alta rojiza, con estructuras verticales (cortinas). Además, como algo raro, se puede ver en la parte superior un SAR, rojo también, con una clara estructura de arco. Normalmente lo que vemos es luz difusa roja y más cerca del horizonte. 

     Como resumen, quería terminar explicando que lo que vimos (o mejor dicho fotografiamos) la noche del 10 al 11 de mayo se trató mayoritariamente de un arco SAR, aunque en algunos casos más al norte (tanto en Italia como en España) llegó a estar acompañado de la parte residual de una aurora boreal. Aunque la mayoría de los medios hablaron solo de aurora, y seguirán haciéndolo en las próximas ocasiones en que esto suceda, me parecía necesario hacer esta aclaración y hablar de los SAR, un fenómeno muy poco conocido. Esperemos que en los próximos meses podamos disfrutar de algún otro ...


Breve "time lapse" hecho con las imágenes de la cámara "all sky" de nuestro observatorio, tomadas con un intervalo de cinco minutos.