domingo, 17 de marzo de 2024

... y así el Ramadán comenzó

    ¿Y qué tiene que ver esto con la astronomía? ¿Me he equivocado de sitio? Me imagino que estas, o muy parecidas, serán las preguntas que se estén haciendo las personas que en estos momentos nos estén leyendo. Pero tranquilos que ya veréis que algo tiene que ver con los temas que habitualmente tratamos en este blog, dejad que os lo explique.

    Antes de nada quería comentar que estoy escribiendo estas líneas desde Italia, donde la comunidad islámica y el instituto en el que trabajo (INAF, que recoge a nivel italiano la investigación en astrofísica, equivalente a nuestro CSIC pero sólo con astrónomos) firmaron un acuerdo de colaboración mediante el cual astrónomos del INAF se comprometían a dar una mano a dicha comunidad para establecer el inicio del Ramadán. ¿De qué manera? Muy sencillo: observando la luna.


 Telescopio apuntando a la luna nueva creciente

    Para los musulmanes, el Ramadán es el periodo del año más sagrado. En él se conmemora la revelación del Corán a Mahoma por parte del ángel Gabriel. El Ramadán es el noveno mes del calendario islámico, que se trata de un calendario lunar compuesto por 12 meses de aproximadamente 29,5 días (la duración de una lunación). Esto hace que un año islámico tenga 354-355 días, siendo por tanto 10-11 días más corto que un año civil (regido por el calendario gregoriano). Esto hace que el inicio del Ramadán se vaya adelantando cada año estos mismos 10-11 días. 

    El comienzo del mes tiene lugar en el momento que se observa el primer creciente de luna después de la luna nueva, y es ahí donde entramos nosotros. Según la tradición, no basta con recurrir a efemérides sino que este primer creciente de luna se debe observar visualmente para poder dar comienzo al nuevo mes. Así, al atardecer del pasado lunes día 11, desde distintos lugares del país llevamos a cabo una observación en directo de este primer creciente de luna para los principales imanes italianos que de esta manera pudieron dar oficialmente por iniciado su mes sagrado.

 

 Luna nueva creciente centrada en la parte visible (por eso es tan oscura a pesar de hacerse al atardecer)

 

    Como explicamos siempre en nuestras observaciones públicas, el cielo ha sido siempre, y de manera natural,  reloj y calendario  para todas las civilizaciones. Por poner un ejemplo más cercano, en nuestra cultura cristiana, la celebración de la fiesta más importante, el Domingo de Resurrección (Pascua), no tiene asignada una fecha fija sino que desde el concilio de Nicea (allá por el año 325) se celebra el domingo siguiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Esto hace que, como ya sabemos, la Semana Santa no caiga siempre en la misma fecha, pudiendo celebrarse tanto en marzo como en abril. De hecho, históricamente el calendario litúrgico ha sido más importante que el civil, lo que ha llevado a impulsar reformas como la gregoriana para ajustar el calendario civil y corregir el desfase con el año solar (trópico). De esta manera en 1582 se perdieron 10 días y se pasó del jueves 4 de octubre (del antiguo calendario juliano) al viernes 15 de octubre (ya en el actual calendario gregoriano).


Disco lunar iluminado por la luz cenicienta durante la luna nueva creciente

 

    Desde el mero punto de vista astronómico debo decir que ha sido una experiencia bastante interesante, ya que nunca había intentado capturar la menor fase de luna posible. Nosotros no llegamos a verla de día porque, además de la dificultad de tener todavía el Sol en el cielo, tuvimos nubes sobre el horizonte. Por suerte, apenas se puso el Sol esa parte del cielo se despejó y pudimos ver la luna, apenas iluminada un 2%, y fotografiarla. A medida que se hacía de noche el contraste con el cielo era mayor, lo que hacía muy sencillo verla a simple vista.

    A nivel personal estoy contento por haber podido participar en esta actividad, doble ejemplo de colaboración y acercamiento entre culturas y ciencia y religión.







jueves, 4 de enero de 2024

Ocultación de Betelgeuse

    Comenzamos el año hablando de un fenómeno astronómico muy poco frecuente, que sucedió hace unas semanas (la noche del 11 al 12 de diciembre) y que difícilmente volverá a producirse en los próximos años: la ocultación de Betelgeuse por el asteroide (319) Leona.

    Las ocultaciones asteroidales, es decir, cuando se da la casualidad de que desde nuestra línea de visión, un asteroide pasa justo por delante de una estrella, son la mejor manera de estudiar las propiedades físicas del asteroide. Tenemos que tener en cuenta que estos cuerpos, generalmente TNOs, son objetos muy pequeños (como máximo de algún centenar de kilómetros) que se encuentran a una gran distancia (a partir de las 30-40 UA), por lo que son difíciles de observar directamente con precisión, incluso con grandes telescopios. 

 

Apuntando el telescopio hacia Betelgeuse (en rojo) momentos antes del comienzo de la ocultación. La familiar figura de Orión es fácilmente reconocible asomando por encima del olivo.

 

    Este tipo de ocultaciones no son fenómenos muy habituales y son difíciles de predecir con una cierta antelación, ya que se requiere un buen conocimiento de la astrometría de la estrella y sobretodo de la órbita del asteroide. Lo que vemos en estos casos no es el asteroide en sí, generalmente muchísimo más débil que la estrella, sino el efecto que su paso produce en la luz que nos llega de esta última. En el momento en que el asteroide empieza a transitar por delante de la estrella, tapa una pequeña fracción de ésta, haciendo que su luminosidad comience a disminuir. En general esta caída de luz no suele ser muy grande y la duración del fenómeno es muy breve, en el mejor de los casos, unos pocos segundos.

    Al igual que ocurre con un eclipse solar, la visibilidad de la ocultación queda restringida a una pequeña franja del planeta, allá donde se proyecta la sombra del asteroide. En el caso de la ocultación de Betelgeuse la mejor zona para observarla era Europa, donde el fenómeno se producía pasadas las 2 de la mañana, con la estrella bastante alta en el cielo. El grupo más importante de observadores se desplazó al sur de España (desde Sevilla a Alicante) aunque también hubo un grupo importante en el sur de Italia, del que formé parte.


 
En la parte superior se muestra la franja de visibilidad de la ocultación sobre Europa. La línea azul marca el centro del fenómeno donde se produce la máxima duración mientras que las líneas violetas marcan los límites de la ocultación, más allá de los cuales no es posible observar el fenómeno. En rojo la zona de Calabria, en Italia, desde donde observamos nosotros. En la parte inferior se muestra en detalle la distribución de los observadores italianos (en amarillo). Aquí sólo se muestra la línea de la centralidad (verde) con sus errores (morado).


    Como decíamos al principio, los protagonistas de nuestra ocultación son Betelgeuse y (319) Leona, un asteroide del cinturón principal con una forma elipsoidal cuyo diámetro se sitúa en torno a 60x80 km.  Por su parte, Betelgeuse es una de las estrellas más brillantes y conocidas del cielo, fácilmente reconocible en la constelación de Orión por su color rojizo de la que ya hablamos en anteriores entradas durante la pandemia. Seguramente será la próxima supernova que explote en nuestra galaxia, algo espectacular pero que, (casi) con toda probabilidad, no llegaremos a ver.

    Lo particular de esta ocultación, más allá de que se vea afectada una estrella tan brillante, es que se da la casualidad de que ambos cuerpos muestran un tamaño aparente en el cielo muy similar, lo que convierte a este fenómeno en un eclipse más que en una ocultación normal. Esto nos va a permitir no solo el estudio del asteroide sino también el de la estrella. Por un lado podremos obtener una astrometría de precisión para Betelgeuse, algo difícil de hacer con los telescopios habituales (por ejemplo Gaia) al tratarse de una estrella muy brillante que aparece saturada en estos cartografiados. Por otro lado mediante el estudio de la curva de luz en diferentes filtros podremos realizar una especie de "interferometría" para estudiar posibles detalles (grandes células convectivas) de la superficie de la estrella así como del material expulsado a su alrededor. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, el tamaño de Betelgeuse en el azul es mayor que en el rojo, luego la duración y profundidad del fenómeno será distinta según el filtro que utilicemos.


 
Campo de observación con el apo en primer plano y el mak en la parte de atrás.

    En este tipo de observaciones lo importante es cubrir bien toda la franja de visibilidad (de norte a sur) de manera que podamos caracterizar adecuadamente el fenómeno en su totalidad. Observaciones aisladas en este caso no son muy importantes. En la parte italiana nos juntamos una veintena de observadores que, coordinados maravillosamente por Alfonso Noschese y Massimo Corbisiero (de AstroCampania), nos situamos en la costa jónica distribuidos uniformemente en diferentes cuerdas (lugares) a lo largo de la franja. Para estudiar la cromaticidad del fenómeno, siempre que se pudo, en cada cuerda se observó con varios filtros. En nuestro caso usamos dos telescopios: un Maksutov-Cassegrain de 127 mm, con una cámara Moravian C4 y filtro R (Cousin) y un refractor apocromático de 115 mm con una ASI 290 MM y filtro B (Jonhson).

    En el mundo de las ocultaciones se requiere una gran resolución temporal y por ello la técnica utilizada es muy diferente a la que usamos habitualmente para hacer astrofotografía u otro tipo de observaciones. La ocultación se registra en vídeo con la mayor tasa de imagénes por segundo (fps). Posteriormente se descompone el vídeo en sus frames, en los que previamente, durante la grabación, se ha insertado el tiempo en el que fueron tomados con una precisión lo más cercana posible a la milésima de segundo. En cada imagen se analiza el brillo de la estrella (por una sencilla fotometría de apertura) y analizando su variación a lo largo del tiempo, obtenemos la curva de luz del fenómeno:

 

 
Curva de luz suavizada de la ocultación obtenida en filtro B con el refractor.
 
 
    Técnicamente lo más difícil era elegir un tiempo de exposición adecuado, de pocos milisegundos, para no saturar Betelgeuse, pero al mismo tiempo obtener un número suficiente de imágenes para medir con precisión la ocultación. La tarea no era trivial ya que Betelguese además de ser tan brillante titila mucho, por lo que tuvimos que hacer varias pruebas los días anteriores con telescopios pequeños y cámaras lo más rápidas posibles. 
 
    En reuniones preparativas se habló de que Betelgeuse podría "desaparecer" (literalmente) durante poco más de 10 segundos del cielo, ya que, en el caso más favorable, la caída de luz podría estar entre las 6-8 magnitudes. La realidad es que a simple vista no percibimos ninguna variación significativa, aunque hay que tener en cuenta que la ocultación se adelantó unos 40 segundos respecto a las previsiones y que minutos antes Orión estaba cubierto por nubes pasajeras ... aunque cuando ya esperábamos lo peor tuvimos suerte y se volvió a quedar despejado.
 
    La forma en V de la curva de luz (sin zona plana en el mínimo) ya nos está indicando que no se produjo un eclipse total como nos hubiera gustado, sino que se trató de uno parcial (o incluso anular). La duración se situó en torno a los 11 segundos y la profundidad de la ocultación fue algo más de una magnitud (resultado todavía preliminar a partir de nuestras observaciones), lejos de la idea que teníamos cuando nos decidimos a montar la expedición para observarla, aunque debo decir que estoy muy contento de haber participado en este proyecto.

    Dentro del marco de ciencia ciudadana, se creó el proyecto StarBlink para involucrar a la gente a observar la ocultación. En dicho proyecto se creó este simulador muy intuitivo para entender cómo cambia la curva de luz según varían los tamaños de Betelgeuse y Leona o la distancia del observador a la línea de la centralidad. En las próximas semanas, a partir del análisis de las distintas curvas de luz, teniendo en cuenta tanto los filtros utilizados como la posición de cada observador, se empezarán a publicar los primeros resultados científicos de la ocultación, que compartiremos con nuestros lectores en este mismo blog.

Desde AstroDemanda queremos desear a todos nuestros lectores un ¡muy feliz y próspero 2024!