La casualidad quiso que mientras hablaba con una amiga polaca, también astrónoma, me comentara que en su ciudad se estaban viendo en esos momentos auroras boreales, las típicas con colores verdes que habitualmente se ven desde latitudes más septentrionales. Aunque estaba medio nublado, desde casa alguna estrella se veía así que, sobre la medianoche, decidí probar suerte y salí a observar con nuestro compañero Carlos. Nos desplazamos unos pocos kilómetros por la carretera de Santander para buscar un horizonte norte limpio y dejar Burgos a nuestras espaldas. En un alto a las afueras de Villanueva de Río Ubierna nos detuvimos y, bajo un cielo mayormente despejado y sin luna (con -2 ºC), pudimos disfrutar del fenómeno aproximadamente un cuarto de hora hasta que el cielo se volvió a cubrir. Aunque a simple vista no se pudo apreciar nada como, en las fotografías destacaba claramente sobre el horizonte norte el color rojizo/violeta, muy diferente del resto del color del cielo, mucho más oscuro.
Estos fenómenos tan inusuales desde nuestras latitudes son producidos por un gran "estornudo" del Sol. En estos casos (eyección de masa coronal, EMC) desde el Sol nos llega una nube de plasma, formada básicamente por protones y electrones, que viaja a gran velocidad. Al llegar a nuestro planeta esta nube choca con nuestro escudo magnético (magnetosfera) y se produce una tormenta solar (geomagnética). Normalmente el escudo resiste y desvía la radiación hacia los polos, originando las típicas auroras boreales y australes. En algunos casos menos frecuentes, el escudo "se dobla" y permite la entrada de una parte de la radiación a latitudes más bajas, como ha sido el caso de estos días.
La tormenta actual, de tipo G4, llegó casi a alcanza nivel máximo de intensidad (G5). No llegó a ser tan fuerte como la más mediática que ocurrió en mayo de 2024 y de la que nos hicimos eco en nuestro blog. Se originó en un grupo de manchas (RA 14341) que el domingo día 18 liberó una gran cantidad de energía en forma de una fulguración de tipo X1,9 (llamarada solar) que a su vez provocó la EMC. La energía liberada fue tal que solo 25 horas después, la tarde del lunes, la radiación llegó a la Tierra provocando todo lo que hemos visto. Lo peculiar de este evento ha sido la gran energía acumulada que hizo que la EMC viajara a unos 1700 km/s, más de tres veces la velocidad habitual de estos fenómenos (sobre los 500 km/s). Para que nos hagamos una idea, esta velocidad equivale a algo más de ¡¡6 millones de km/h!!, unas 7000 veces más rápido que un avión comercial. De este modo en vez de tardar unos 3-4 días en llegar a la Tierra lo hizo en apenas un día.

A la izquierda se puede ver la mancha que dio lugar a la fulguración, que se muestra a la derecha, que produjo la eyección de masa coronal que nos golpeó hace dos días.
No es fácil que se produzca una tormenta como la de estos días. Primero la EMC tiene que estar perfectamente orientada hacia nuestro planeta, que no es fácil. Tenemos que tener en cuenta que hay que imaginarlo todo en tres dimensiones y que la Tierra es pequeña y está "lejos" respecto del Sol: es como una carambola de billar. Después es importante la configuración del campo magnético del plasma. La magnetosfera terrestre está orientada hacia el Norte. Si el plasma tiene la misma orientación simplemente chocaría y comprimiría nuestro campo pero "rebotando". Sin embargo, si, como ha sido el caso, tiene orientación Sur, entonces se combinan ambos campos magnéticos y buena parte de las partículas entran en nuestra atmósfera originando la tormenta solar.
A bajas latitudes como la nuestra, el fenómeno ocurre muy lejos a unos 400 km de altitud en una atmósfera muy enrarecida, donde hay muy poco oxígeno. En este caso se produce una interacción que decimos "prohibida" (pero que es real) que es la causante del color rojizo que vemos. Cuando ocurre en zonas más bajas, donde la densidad del oxígeno es mayor se dan transiciones "normales" que dan lugar al clásico color verde. Para completar el puzle tenemos que decir que, lo visto el lunes, no es realmente una aurora boreal (donde hay una interacción real de las partículas solares con el campo magnético terrestre) sino un Arco Rojo Auroral Estable o SAR (por sus siglas en inglés). En este caso, la tormenta solar comprime los cinturones de Van Allen que absorben parte de la energía incidente, calentando (energía térmica, sin choques) la alta atmósfera, lo que produce el arco rojo que vemos. La diferencia entre ambos fenómenos es muy sutil y muchas veces van de la mano. Los SAR suelen ser fenómenos más estáticos y horizontales (sin las típicas cortinas verticales de las auroras) y de un único color rojizo. En esta entrada anterior lo discutimos con más detalle.


A la izquierda se puede ver la distribución de velocidad de las eyecciones de masa coronal y como la de estos días ha sido mucho más rápida de lo habitual originando una tormenta geomagnética tan intensa. A la derecha se muestra la eyección tal y cómo la registró el satélite GOES 19 de la NOAA americana.
En el momento de escribir estas líneas la actual tormenta, tras casi tres días de actividad, prácticamente ya ha acabado. Quien sabe si en los próximos días o semanas volveremos a observar uno de estos fenómenos tan llamativos. Desde aquí seguiremos atentos a pesar de las nubes y la lluvia ...
